lunes, 6 de marzo de 2017

HOMENAJE A FERNANDO RIOS PALACIO



HOMENAJE A FERNANDO RIOS PALACIO

Es nuestro embajador en Barcelona desde hace más de cuarenta años, pues tiene en su voz el secreto de nuestros orígenes, los sueños que son de uno, es como un alquimista del tiempo que revierte el presente convocando nuestras vivencias y nos transforma el melocotón en flor de durazno…

Es cancerbero de nuestros tesoros sentimentales y figura consular más que el consulado, que nos representa (a veces) jurídicamente como organismo encargado de regularizar nuestra situación legal como emigrantes o residentes, siempre ajustándose a leyes, normativas, convenios bilaterales, etc. etc. Fernando nos representa emocional y espiritualmente… Si al fin y al cabo un consulado no es más que la firma y sello al pie de un documento. Los consulados no rubrican las tristezas, ni dan respuestas a la moral vencida, ni remedios para los que venimos enfermos de adioses… Cuando uno lo escucha  descubre que la doble nacionalidad sólo existe en los papeles. A veces canta… a veces no…

Aquí les envío un escrito muy certero de un gran amigo mío llamado Kuki, en donde explica por qué Fernando “a veces canta… a veces no…”.

               Cuando se han acallado los ruidos de cuchillos, tenedores y copas…
                Cuando suena la música del tango…
                De entre los olores de comida, alcohol y tabaco, como en un sueño de vaya a saber qué irrefrenable locura, emerge su figura circunspecta, alargada, con pelo y ropa negra, con rostro esculpido por el cincel de muchos sufrimientos disimulados por la sonrisa del artista… Ése es, ahí está el cantor de tangos, sacerdote de templo desconocido que en liturgia mágica con voz grave y bien templada dice la verdad del tango, ése es nuestro cantor, Don Fernando Ríos Palacios.
                Con su canto nosotros “los de antes”, “los de siempre”, los de los ojos con bolsas, indudable estigma que deja el paso del tiempo, volaremos en silencio hasta ese estado dicótomo del alma mitad placer, mitad dolor: la nostalgia; desde ahí soñaremos eso que fue, que ahora no es, pero que puede volver a ser, porque la vida del hombre es una historia con repeticiones.
                Ahí está nuestro cantor, ser humano interminable; de la mano de su duende nocherniego podemos recorrer todas las estancias de la música ciudadana popular del Río de la Plata, para captar lo que ella representa como parte de la cultura de un pueblo y la forma de entender y sentir la vida de sus gentes, música que no pocas veces ha sido menospreciada por los voceros estúpidos de un intelectualismo bastardo.
                Ahí está nuestro cantor, sin mecenas ni propagandas, sólo tiene su voz y su mensaje; detrás de él no hay Ministerios de Cultura, ni Cancillerías, ni Consulados, sólo lo ayuda el esfuerzo de la caja escuálida de algún boliche en decadencia.”
                Ahí está nuestro “guapo[1] del 2000”, rapsoda marginado y abandonado por no purificarse en la pila redentora del mundo elitista y volátil de Borges, y de Piazzola; su soledad es el precio que le impusieron pagar por no aceptar la deformación conceptual de esa música que los progres pretenden llamar tango, que en honor a la verdad debe entenderse como “paratango”, porque no tiene nada que ver con la línea de los auténticos poetas y compositores del pueblo: Flores, Contursi, Manzi, Discépolo, Cadícamo, Troilo, Piana y otros.”






[1] Valiente.

viernes, 3 de marzo de 2017

¿DAMOS UNA VUELTITA?



 ¿DAMOS UNA VUELTITA?

¡Me cago en las feministas! Resulta que para estas minas una frase bonita o un halago o un preciosismo lingüístico parece ser una  grosería o un acoso o ..¡¡que se yo que mierdas tienen estas minas en la cabeza!!...
Me desperté inspirado, y le dije a una amiga muy guapa: -"¿No estas cansada esta mañana? -Noo, ¿por qué?- me contestó -"Porque estuviste toda la noche dando vueltas alrededor de mi cabeza". -"¿Y por esta estupidez me despiertas?- sentenció ella. Y yo super sentencié: !Anda a la gran puta que te parió!!!.

No sé para qué carajo me tengo que levantar de la cama si sigue el frío y estoy jubilado. Creo que si me levanto seré un pelotudo… ¿Para qué? ¿Para dar una vueltita…? ¡Bah! Ya lo tengo bien “junado” a mi barrio y a la mayoría de sus vecinos (Casi todos con sus caras de orto).

La que de verdad me da vueltas es la cabeza... ¡Claro, qué boludo! A todos nos da vueltas, por eso de la rotación de la Tierra. ¿Por qué uno dice: "Me voy por ahí a dar una vueltita", si siempre estamos dando vueltas? Y las parejas que bailan valses vieneses van girando encima del giro… y la música de los valses… y los besos de enamorados al final de los valses también giran… Menos las letras de los “valcesitos” criollos de Arbos-Narváez y el negro Villavicencio, que ésas se quedan estáticas, aferradas para siempre en el recuerdo emocionado, de los que se vuelven a contemplar el cielo cuyano que alumbra rejas de serenatas y “chinas” mirando “ajuera”[1], en vez de seguir dando vueltas como todo en el mundo. Y “Il Giro” de Italia, los giros bancarios y los comunistas que giran a la derecha.

La cabeza me da vueltas, Doctor”, habrá dicho uno de los enfermos de un hospital psiquiátrico del siglo pasado; el tratamiento consistía en sentar al paciente sobre las llamadas “sillas tranquilizadoras”, que giraban hasta 100 r.p.m. Los enfermos no mejoraban nada, pero se mareaban y vomitaban.
 
Maradona, cuando tenía manos en los pies, el pie zurdo en la mano de Dios (o de Satán, a juzgar por su final) y alas en las piernas, hizo girar la cabeza a todo el planeta girando una pelota con la cual, a ras del suelo, se elevó al cielo. Incluso los ingleses, víctimas de su habilidad, le reconocieron Maestro en Oxford, quizás para purificar el origen macabro del fútbol (jugar con las cabezas de enemigos durante la invasión Normanda a las Islas).

Los del circo hacen girar platillos en la punta de un palo. Chaplin hizo girar el mundo con los pies en El gran dictador. Por ese aumento de revoluciones, seguramente desaparecieron los dinosaurios. En cambio, la Inquisición no giraba, porque no creía en el giro del que le habló Galileo; para ellos la Tierra era plana, como su cerebro y sus cabezas no estaban en el eje de rotación.

Para rotación la que hacen las calesitas, dando vueltas y vueltas con su musiquita. Son la preparación a la vida de adulto... la sillita como la del parque para cuando se hacen novios, el caballo de madera como cuando andás por la pradera, el auto de carrera como cuando vas al trabajo, la columna como cuando esperas a tu amada/o... y además, añadir que como en la vida misma es un no parar de subir y bajar.

Hasta los muertos y los maniquíes giran también en un cielo lleno de estrellas, que no se sabe a veces si es un cielo verdadero... O si es ése que está en el ángulo superior izquierdo de la bandera de los que en el 45 hicieron explotar la primera bomba atómica, una bandera con los tres colores del imperio (azul-rojo-blanco), que también son los colores de las banderas de sus dos “compinches” esenciales (Inglaterra y Francia), que ellos llaman aliados, a los que ahora se han sumado como secuaces los alemanes y los japoneses. A bombazo limpio los amos de los tres colores "primarios" les hicieron comprender, a los dos últimos, lo de: “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Desde 1946 el ejercito de EEUU instituyó su escuela de asesinos en Panamá, para promover mentores de “revoluciones“, que no fue otra cosa que hacer cursos para aprender a matar pobres, o matar presidentes de países pobres a través de la CIA.

De señor de la guerra, Estados Unidos ha pasado a ser el gendarme de la Paz, que no impone su razón sino su administración, y el eje de la economía global, donde los hampones de las mafias escogen a los jueces, como se ve en cualquier película del Scorsesse, verdaderos documentos salpicados con coágulos de rotundas conclusiones sociopolíticas, en nombre de la justicia, la patria, la seguridad o la paz (para uno mismo, a costa de la del prójimo).

De sangre y más sangre se ha teñido la historia, que sigue dando vueltas para volver al punto inicial. Lo más gratificante sería que con éste vital elemento sólo se hicieran transfusiones, morcillas y metáforas. Y como nada nos cuesta, no le damos el valor que se merece a ese prodigio circulatorio que recorre nuestro cuerpo, y sin fatiga, más kilómetros que Marco Polo, Havelange, Samaranch y Cousteau juntos.

Estoy ansioso esperando un film que nos explique con precisión probatoria qué sucede en el despelote bélico-informativo que nos hacemos con los serbios, croatas, bosnios, serbo-bosnios y musulmanes, o quién es, al final, el maldito causante de la inseguridad en los territorios ocupados y franjas de seguridad, o al  menos quién mea en el Muro y cómo: si de adelante, de atrás, de costado o desde arriba. Que me lo expliquen, porque entre Abraham, Isaac, David, Salomón, Mahoma y los romanos me han hecho un quilombo padre en el mate[2] y me han provocado vértigo de tantas vueltas a la cabeza que le he dado. Si sigo así tendré que recurrir a la tríada omnisciente: Yahvé, Dios y Alá, porque a las resoluciones de la ONU se las pasan por el “upite”.        

Como siempre pasa, una vez más, habrá que recurrir, paradójicamente, a la poesía… Hasta para resolver milenarios contenciosos:

Junto a una puerta de la ciudad antigua de Jerusalén
se sentó el poeta Yehuda Amijai
con dos cestas llenas de comida.

Desde ahí pudo escuchar a un guía turístico diciendo:
 «¿Ven a ese hombre con las dos cestas?
Pues justo a su lado hay un arco de la época romana».

Amijai se dijo a si mismo:
La salvación llegará cuando el guía les diga
«¿Ven ese arco romano?
Pues carece de importancia,
porque justo a su lado
hay un hombre que ha comprado frutas y verduras
para dar de comer a su familia»”.

(Este escritor israelí ayudó a dar un giro y crear una poesía israelí moderna.)


[1] Ajuera es un modismo criollo que quiere decir “afuera”.
[2] Se refiere a la cabeza.

miércoles, 1 de marzo de 2017

NADIE ME ADOPTARÍA, LA GENTE NO QUIERE CRUCES




NADIE ME ADOPTARÍA, LA GENTE NO QUIERE CRUCES

No tendré hijos, todo empieza y acaba conmigo. Y lo más triste… no podré ser abuelito… ¡Con lo que me gustan los niños! Verles sonreír, hacerles cosquillas en las patitas… En tanto, elegiría los sonidos más graciosos y les enseñaría a bailar. Les llevaría a tomar el sol a la Plaça d’Orfila, a comer churros y a la calesita.

Dicen que no viviré mucho. ¡Bah! ¿Qué me importa…? otros por vivir más años, se cuidan tanto que se olvidan de vivir, simplemente se les hace más larga la existencia.

¿Cuántos padres que paseen un bebé precioso, al verme tal vez piensen: ¡Qué suerte hemos tenido!? Pero ya verían que si me conocieran cambiaría su opinión.

Como soy agradecido, nunca me olvidaré de mis maestros del Taller Cordada, que conforman un verdadero “ejército de salvación” para los chicos como yo. “Malpagados” teniendo en cuenta su dedicación absoluta a nuestros problemas.

Este ejército nos espera con las primeras luces del alba para llenarse con chicos de rara sonrisa que esperan en el portal de su trabajo. Parecieran transformar la fachada en santificada gruta de niebla y gasolina: vahos de amor opalescente reemplazan el aire enrarecido, como si se plasmara algo “Disneyniano”, y al fin se convierte en un albergue inundado de parábolas hechas de palabras necesarias, profundas, pues solo las palabras necesarias son profundas, más profundas que los manuales de psicología:  Joan, ponte el abrigo”, “Àngels, ¿has traído las pastillas?”, “No te olvides de….”, “¡A ver si ordenas un poco tu mochila, Marcelino!”. “¡Termina con ese donut! ¡Y cuidado con esas migas, que el acierto está no en limpiar sino en no ensuciar!”.

Ellos nos saben diferenciar el piojo del enojo, las confusiones de las contusiones, la contractura de la fractura, las alergias de las penas... Son enfermeros polifacéticos made in casa para que nadie corramos más de la cuenta. Educar, educar, educar... En nuestro taller de “seres especiales” (no entiendo por qué nos llaman especiales; si especiales lo somos todos) los verdaderamente especiales son mis monitores: cada chico con quien hablan o acarician es una obra que están diseñando. Más que lo material de una paga, se ganan el premio de que mi compañeros les pinten con lápices de colores el día de su santo, con ojos amarillos y ribetes de topos gigios, que aparentemente son polichinelas. Creo más bien que les quieren pintar el alma. Y lo consiguen.

Muchos están nimbados con la más pura expresión de amor, y lirios blancos de repente le brotan de su pecho, pareciera que guardan un río bajo sus ojos acuosos (a veces con legañas) y moquitos, y como nosotros, los monitores empatizan resfriándose. Que pena me da ver que algunas chicas, tan jovencitas ellas, ya tienen las manos curtidas, las mismas manos que nos tejen tantas caricias se tornan agrietadas. Vestidas con un manto rubio de sol primerizo, zapatillas y a veces meniscos rotos, de tanto trajín.

Nuestros educadores para los padres son como el Cireneo bíblico: les ayudan a cargar con la cruz (o sea, nosotros).

Somos muy variados, hay macizos, brevilineos, larguiruchos, retacones, regordetes o desproporcionados. Tenemos cabezas desordenadas, ojos de caramelos surtidos, con contornos de avellanas o almendras de Mongolia y narices rojas de rinitis, que se hacen gelatinosamente húmedas por el aire de la Barcelona tempranera. Niños de máscaras hermosamente tiernas. Diferentes, especiales caras de querer con olor acre que configuran su perfume favorito en un mundo de increíble regocijo laboral y sonrisas talladas con trocitos de dientes que te dicen: ¡Hay que reír! ¡Vamos señores, que la vida es un rosario de bromas que quiere vestirse de seria y los hombres malos no son tan malos si uno les despierta con una sonrisa!

Si por nosotros fuera, no habría ni terroristas ni “psicosomáticos”. Todo un avío de diferentes ofertas y necesidades de amor. Somos los chicos del Taller Cordada, los hijos de su vocación. Para los monitores, estar con nosotros es empaparse de lo cristalinamente humano, de la nobleza que encontramos muy lejos de las casas reales. Si así es la discapacidad, ¡qué forma más bella de capacitación! En todo caso, ¿Quién no padece una discapacidad? ¿Qué habrá en las capas más profundas de la cebolla?

viernes, 24 de febrero de 2017

POEMAS EN EL AIRE



POEMAS EN EL AIRE

Hoy voy a homenajear a una chica a la que todos amábamos sin que ella lo supiera… Jamás la vi colgada del brazo de ningún afortunado… Nunca se le conoció novio. Y eso que tenía el componente indispensable para amar… ¡El misterio!


Trabajaba en una oficina al lado de la vieja L.V.3 y en sus ratos libres escribía verdaderas obras de arte que tiraba al cesto de los desperdicios. Suerte que en la Argentina el trigo y los poetas le dan el toque de distinción a la desvergüenza de la mayoría.



A continuación les copiaré una de esas piezas literarias que ella arrojaba y yo tuve la gran suerte de poder recoger y disfrutar de una de ellas, tanto que aún la sigo guardando con mucho cariño.

LA LUNA NO ES INDUSTRIA NACIONAL

El silencio va creciendo
la ciudad va muriendo
Con ella las semejanzas,
por latitudes las ignorancias
las calles… las calles, están soñando
los árboles se agigantan…
el entierro de la noche se aproxima
algún loco, está cantando…
el borracho… el borracho de la esquina
atado a un poste mira al cielo, mientras el aliento
fermentado, se apoya en una rosa, el canillita
va gritando diarios, ¡Diarios!, la luna, la luna parpadea
parece como si de algún rincón, se escucha un no se qué de melodía,
el ruido acostumbrado, el chirriar de alguna puerta, la prostituta,
da la cara, sueños locos de la piba, el tapado de armiño, el correr de mano en mano
ese peso desgraciado.

Ahora, es cuando los giles, revientan sobre el alquitrán el último modelito
la autopista se engancha, pasó libre de los astronautas, total, total la calle está despierta,
pegado a un muro casi escondido, un fulano, inventa con pintura fresca
al próximo revuelo, parece mentira, se asegura que la noche no los delate
el oscuro marrón picado de alguna puerta vieja, esconde a los últimos tangueros
réplica de la industria nacional, se versonea el Do, Re, Mi de la “Percanta amurada”
afuera, afuera espera sentado en el cordón de la vereda, el tipo melenudo de barba
mal oliente, a que salgan fulanos mientras mastica algún chicle, ganancia del vuelto
sigo caminando, la suela del zapato izquierdo va formando un buraco
por culpa de la penúltima piedrita, esa que no le cuesta nada ganarse la sonrisa
del pibe de mi barrio, un paso más allá y letreros luminosos indican
“Aquí se venden puchos importados”
Aquella vieja melodía parece que se enamoró a la luna o de pura cansada cerró los ojos
no quiso esperar tanto que la calle se vaciara, no esperó el perfume de los jazmines
ni el cascabel de las chicharras, ¡pucha! Que si se sabe conformar, es lógico,
que por ser luna no se le cobran impuestos,
Si hasta me parece que de lejos tararean la marcha nupcial.

Graciela Oliva

Otro recuerdo que guardo con mucho sentimiento y respeto es una dedicatoria en un papelito, una hoja de cuaderno arrancada. Y que dice lo siguiente:

La que tira poemas por el aire
y siempre hay un gentil pelotudo (con amor)
que lo recoge. Ése es mi Negro

Con cariño
Graciela  


miércoles, 22 de febrero de 2017

RÍO CUARTO: ESTATUS, SEXO Y TURISMO



RÍO CUARTO:
ESTATUS, SEXO Y TURISMO


Así como de "soslayo" les di a entender que Río Cuarto es una ciudad poblaba en su mayoría por "enfermos del status". Eso es suave. Es más grave aún: conforman una verdadera "raza" machista y prepotente, sólo superada por los jugadores de rugby de Córdoba cuando bajaban a jugar a Río Cuarto. Los del Imperio del Sur, en general, pertenecen a la burguesía, muy pocos se hicieron a sí mismos… Son descendientes de inmigrantes que responden al dicho ese que dice: "Abuelo emigrante, hijo estudiante, nieto atorrante". Esta bazofia segregacionista lleva al discriminado a negarse a sí mismo, por su precariedad económica, por sus rasgos físicos, por vivir en el barrio en que vive, Fénix o Alberdi.

La aparición de estos "engendros" de parasitismo viene en parte por culpa de los abuelos emigrantes que les dieron demasiado, todo lo que ellos no pudieron tener en su pasado de hambre y sacrificio. Y viene entonces la reflexión de que la culpa no la tienen los hombres, sino el "hambre de los hombres". Les cubrieron las necesidades, inventaron el prototipo argentino del "doctor". Y se les fue la mano y metieron la pata, pues la vida permanentemente es un "boomerang": da efecto rebote. Se les vuelve en contra el invento; se pasa abruptamente de la anorexia a la gula, de la isquemia a la hiperemia, de la austeridad al despilfarro, y del altruismo al “sinvergüencismo”. Fueron nenes del Gran Hotel (el Ritz riocuartense), Xanadú (el boliche americano de los sesenta). En los setenta poblaron Calatrava o Marrakesh, San Marco, Café Latino, Esparta, Acu-Acu, Valentino. Pero no se distribuyen a su antojo, pues forman parte del rebaño; jamás tuvieron personalidad suficiente para decidir según su criterio. Siempre abarrotan un solo boliche, café o restaurante que esté de moda, porque... "adonde va Vicente, va la gente".

En una época, la moda era ir a La Barraca. ¿Por qué razón será que la estupidez es centrípeta, tiende a la aglutinación despersonalizada, a la promiscuidad, al “efecto mosca”: todos juntos a la misma hora, en el mismo sitio? ¿Y por qué  la lucidez es centrífuga, tiende a la dispersión, para terminar en la incomunicación total a medida que pasan los años?

Así, como si surgieran de una cornucopia, eran arrojados a la "crema de la sociedad" riocuartense estos monigotes en imperfecto estado animal, que con un vaso de whisky disimulaban su rusticidad aldeana. Casi todos ellos conformaban un cuadro degenerativo humanoide, que se hizo típico en el Sur agropecuario de la provincia de Córdoba. Un “vulgosarcoma” social en olímpico estado de pelotudez avanzada, volando en el espacio sideral del Gran Hotel, el Golf, Acu-Acu o el Urú-Curé, al que se le sumaban los "tuercas" de Laboulaye, que se miraban en el espejo de Rolo Alzaga, Gaston Perkins y Charles Menditeguy. Usaban mocasines, chombita Lacoste y pulóver anudado y echado a la espalda... y la soberbia de no servir para nada. Creo que cometieron un gran error: haber nacido. Todos ellos hijos pródigos, juventud dorada de una Argentina que fue "granero del mundo" y por una suerte de Darwinismo económico (el hombre desciende de los Martínez de Hoz), pasó de tener una vasta extensión de campos cultivados, a campos de golf, campos de concentración, y el más explotado: el campo de la psicología (la facultad de esa especialidad en Buenos Aires supera la cifra de 10.000 alumnos). Así se pasó de ser uno de los países con más alta renta per cápita, a estar económicamente decapitado.

Los antepasados de esa juventud dorada, nobles gringos, a pesar de su escasa preparación, eran sabios segregando sudor y alegría con cultura de trabajo (la más importante), que ser culto no es diferenciar a Rostropovich de Pau Casals, ni relacionar a Unamuno con Ortega y Gasset o Julián Marías. La verdadera cultura es la que te enseña a tener criterio para saber diferenciar lo válido de lo superfluo y a razonar con sentido común; aunque la persona crea que Kabul está en Bulnes, o que confunda Yakarta con Cartago, o que asocien Tosca de Puccini con “pucho” de Toscanini, esa persona no es inculta. Sabiduría es saber interpretar bien las pocas cosas que nos hacen sentir seguros de lo que hacemos o decimos. En definitiva, para mí que la cultura no existe se demuestra con un ejemplo práctico: cualquier aficionado a los libros sabe que a Manuel Mujica Láinez le llamaban Manucho, pero no sabe que hubo “otro Mamucho” mucho más conocido que este literato aristócrata; fue Rinaldo Martino, célebre jugador de San Lorenzo de Almagro, quien ante la comparación con Ángel Labruna respondió: “No, él juega «mamucho» que yo”. Y que la célebre “Ay, Jalisco no te rajes” es de Cortázar (que conste que la interpretación de Jorge Negrete se pasea aún por todo el planeta). A Roberto Arlt, su mamá le recitaba versos de Dante; en cambio a mi vieja le gustaba Carlos Dante, el cantor de De Angelis.

Aquellos gringos[1] nuestros olfateaban el aire, por si llovía (como si aspiraran la vida misma), siempre a la espera de que madurara el grano. Sus hijos no supieron ni el más elemental principio que sus padres tal vez intentaron inculcarles: ¡Que del grano de trigo nace la espiga, y de ésta viene el pan! Ganarse el pan con el sudor... ¡Qué va! Esos mequetrefes eran una presencia panífera: ya venían con un pan bajo el brazo... Y con jamón, y miel, y manteca... Y hecho tostadas a las siete antes de ir al colegio. Así que... esperar a que madure el grano.

¡Otra que grano! Sus hijos fueron un forúnculo en el culo y en el alma. Estos excrementos genéticos de los inmigrantes nunca supieron separar el grano de la paja, ni las personas de las cosas (de aquellos polvos los actuales lodos). Ellos rompieron el natural vínculo que sus abuelos tenían con la tierra; y de tanto estar al pedo bien podrían haber estudiado PEDOLOGÍA, que trata de la agricultura: del griego pedon (suelo) y logos (tratado), que es sinónimo de Edafología. Ésa es una de las causas por las cuales el campo argentino cada vez se desertiza más. Y siguen todavía algunos transformados ya en trasnochados nostálgicos, haciendo alarde de sus posesiones en hectáreas, como un vulgar cafiolo hace ostentación del mujeraje mercantilizado (éstos al menos son más reservados).

Los mequetrefes estos, siempre estaban en pose, los codos sobre la barra, el cuerpo arqueado hacia atrás. Todos los días igual, como siguiendo un programa inalterable. Cabeza engominada hasta lo indespeinable, el nudo de la corbata perfecto hasta marcarles la yugular, la raya del pantalón tan afilada como sus lenguas, y esa cara de conseguirlo todo... Aprendí en sus miradas de disfrutar infinitas hectáreas que los únicos seres sin mala leche son las vacas. ¡Y con qué deleite degradaban cuando tenían auditorio a la amante ocasional! Eran como cachorros de terratenientes que ya comenzaban a ensanchar sus "posesiones carnales" con la mirada siempre en lontananza, como los  centrojás[2] de antes, abarcando toda la cancha, en tanto estiraban el cuello, muy ceñido por la corbata, y los puños de la camisa, recomponiendo el perfil donjuanesco de galancetes que vivían lejos del mundo, pero que se permitían estar cerca de todos los lados por un determinismo histórico. Se plantaban con el aplomo del que porta un campo en cada bolsillo… ¡Para mi que nacieron con la mano en el bolsillo! o la desfachatez del delincuente que se ufana de ser buscado por la cana desde San Juan hasta Higueras.

Creo que las generaciones que siguieron tuvieron la misma escuela, con diferentes estilos y un poco menos de dinero (salvo una muy reducida élite, la mayoría son “burguesitos” medio pelo; el gran dinero no lo huelen muchos. Son alcahuetes que viven de los mendrugos de las grandes tajadas). Similares apetencias sin la más mínima capacidad de sacrificio. Y si no hay un cambio radical en sus mentes (confiad en la ingeniería genética), sus tataranietos serán un calco de su banalidad. Ninguno pondrá los callos en el campo para sembrar la tierra. No desesperarse: tal vez en el próximo milenio haya un cambio, pero en el 2999. A estos segadores de ficción, que reciben beneficios de los cultivos sin arrojar a la tierra ni siquiera un condón, les han enseñado que la agricultura no sirve para “equilibrar la balanza de pagos”. Así se fueron enhebrando ciclos que abarcaron desde la agricultura, el pastoreo, hasta llegar a la “cultura del choreo”, para culminar en la irrupción moderna arborea-cambista-callejera (arbolitos), sucedanea del neoliberalismo.

Les recuerdo que Dinamarca, país de avanzada tecnología y relevante equilibrio socio-económico, tiene en el agro su principal fuente económica; Noruega la tiene en la pesca y Australia en la agricultura y la ganadería, como Bolivia y Colombia en la coca. El tradicional dueto café-cacao, hoy solo es caca. Un aforismo inca reza: “La venganza del indio duerme en la hoja de coca y despierta en el cuerpo del conquistador”. Es a partir de la tierra donde el hombre se eleva al mundo y no a la inversa. Hasta pareciera que nosotros les inculcamos a los chicos que la cuchara está antes que la sopa, el fuego antes que la chispa, la cosecha antes que la siembra, y que el carro debe ponerse delante de los bueyes. Así las cosas, si mañana se incorporan a la política o al funcionariado, o son ejecutivos de banca (como terminan casi todos, por enchufe o amiguismo, la gauchada clásica del argentino), se robarán los bolígrafos, el papel higiénico y hasta los libros de ética, tal como marchan las cosas. ¡Con los ejemplos que les dan los de arriba, donde los partidos son cotos de amigos! Porque... está bien... Es la costumbre que todos meen en la piscina, pero que no lo hagan desde el trampolín, cínica, impune y alegremente. Y encima, envidiosos. La envidia se pega igual que la gripe y las ladillas, y tiene síntomas parecidos: furor, rubor, picor. Los que realmente han tenido fortunas verdaderas (los Jorba, que son descendientes de catalanes, por ejemplo) han sido gente de mucha más clase, moderación y sencillez en cuanto a pautas de comportamiento social. ¡Cuánta razón tenía el Gordo Teté cuando afirmaba que hay que volver a nuestros abuelos, esa raza que no necesitaba de psicólogos para funcionar en la vida!

Les dije que a esa "raza de burguesitos” de Río Cuarto sólo la superaba otra, la de los jugadores de rugby de la Docta (no todos, claro, pero desgraciadamente para deducir hay que partir de lo general y no de las cosas aisladas. Igual pasa con los políticos, no todos están podridos). Venían de Córdoba en plan de hooligans ingleses, pero en vez de destrozar vidrieras de negocios y armar jaleo con actos de vandalismo, eran más "finos", arteros, grotescos y maleducados con ropajes de dandy. Eran, pongámosle, como una amenaza química, o una desgracia ecológica y sexológica de niñatos doble apellido, presumidos y relamidos, energúmenos de gomina, con toda la atrofia mental del basurero humano del Cerro de las Rosas; peligrosos francotiradores de esperma estos cordobeses, que en vez de cinto se ceñían una cartuchera con balas “reniformes” con un diamante en la punta, a juzgar por los “enfrentamientos armados” que ellos decían mantener con las chicas riocuartenses.

Para ellos, Río Cuarto era como una reserva natural del erotismo, un coto privado para prodigar la cacería del "zorro"[3] de féminas exóticamente bellas y putas (expresión muy común en boca de todo impotente que cae por allí, como si esa infamia tuviese una localización geográfica determinada o un endémico “putismo”). Cuando volvían a Córdoba se pavoneaban en los bares de "épicas conquistas" y "hazañas eróticas" (generalmente hechas a mano). "En Río Cuarto pastan las mejores potrancas de sedosas clinas, finos tobillos, sólidas ancas, elegante andar con el pecho erguido y esmaltados dientes" (pues el flúor llega hasta ahí; ya en Holmberg se oscurecen), decían con inflada veleidad entre risotadas, para rubricar: "Y a sus gringos les faltaba cagar al trote para ser caballos". A mí me molestaba bastante esa visión peyorativa que se tenía de "las mujeres del Imperio", pues mi madre nació, vivió y murió en Río Cuarto. ¿Cómo no voy a ser un resentido social? ¡Con todo orgullo lo soy!

Aunque es mejor a las estupideces tomarlas como de quien vienen y reírse. Por esa razón, yo a veces decía: "Mirá en Río Cuarto todas las minas son putas, menos mi vieja y mi hermana". Y así, todos contentos... Eran igual de vulgares: los de Córdoba, casi todos chistosos; los de Río Cuarto, chismosos... La gran mayoría de estos “objetores de progesterona” una vez casados, siguieron fieles a su meta: saber llevar bien los pantalones (pero a la tintorería).

“¡Oh, Dios mío! -decía una actriz catalana, Dolors Colom- Ya no hay caballeros como los de antes. Hoy, si un hombre te abre la puerta, o es la de su dormitorio o es el portero”.

En una de esas, pensé que la "fama" de las mujeres podría servir como gancho turístico para hombres solos. Y me imaginaba las paredes del centro todas empapeladas de afiches, con anuncios de ofertas para el disfrute sexual:

         - Visite Río Cuarto, el paraíso de la epilepsia dulce.

- ¿Nunca experimentó un "crescendo pelviano"? En Río Cuarto lo hallará. No produce efectos secundarios ni tiene contraindicaciones.

- ¿Estuvo alguna vez en un quilombo sin techo? Allí gozará con un masaje ranquel a cuatro manos y acabado a dos lenguas, con azafatas que no perdonan ni una gota... ¡Se tragan todo! luego de un completo tour con adaggio alrededor de la región del glande, donde se sentirá “transportado” a Tailandia sin moverse de Río Cuarto. Profesorado en succión-lamida-mordisquito-mascada.

- Prostáticos sin complejos, no se inhiban: lluvia dorada.

- Sado especial para torturadores y draculianos. ¡Véjame, hazme sangre, cariño!
        
- Exdomadoras de potros graduadas en Jesús María y doctoradas en Crazy Horse.

- Tenemos la solución al enigma del "punto G". Río Cuarto: patria del orgasmo. Si es usted madurita haga de una vez realidad la explosión orgásmica en su expresión más sublime: mort subite en la intimidad de tolderías ranquelinas. Servicio carnal a cargo de descendientes de los caciques Painé y Mariano Rosas.

- Estudiantes exoneradas de la universidad por provocadoras con bríos de potranca y fragilidad de hembra (no profesionales, master privado en los mejores hoteles). Desvirgue reciente y culito respingón. Especialistas en “felatio”, hacemos terapia a cualquier cosa que decline. Monte a pelo sin intermediarios. Garantía anti-SIDA de 99 años. Trato preferencial: bajitos, gordos, jubilados, impotentes, calvos, esquizoides, violadores, tartamudos, octogenarios, tímidos, estreñidos y gotosos con ideas pesimistas. Se acepta pago en australes y bonos[4]. Casposos, pedófilos, pederastas y tipos con prepucio mal higienizado, abstenerse. En prevención de enfermedades venéreas y bichejos, incineramos calzoncillos.

- Viciosa, sin ánimo de lucro, sólo para infieles.

- Lagartas mamadoras, para llenarles el bocio de leche. Soy agenésica dental, tengo un guante de terciopelo en la gingiva, oprimo pero no muerdo.

- Violadoras de camioneros, piernas abiertas las 24 horas.

- No soy inteligente, ni alta ni guapa, ni tengo ojos azules ni labios gordos ni me enternecen las canciones. En cambio te ofrezco el prodigio de mi fruta peluda y jugosa.

- Viva la excitante aventura de una fiesta pagana en Villa Dálcar, con auténticos faunos de personalidad sexopática, bien cornudos y peludos, y cabrones, persiguiendo a las ninfas con descarada obscenidad.

Creo que sería al menos una campaña promocional turística diferente, como la llevada a cabo en una carretera de San Francisco por una picaresca mano anónima, que cambió el “Ceda el paSo” por un “Ceda el paPo”, un acicate para incrementar la natalidad a través de la Dirección de Tráfico. Yo elevaría una propuesta económico-sexual (pasada por el Parlamento, claro) para salvar financieramente a la provincia de Córdoba; sería un precedente señero con lo cual se alejarían las mafias, el proxenetismo y se preservaría la salud de la población. Lo que también hay que cuidar son los altos valores y el alma. Para ello, es necesario vender el cuerpo, rodarlo, exprimirlo, ultrajarlo, traficar con él y cuantificarlo: el alma quedará prístina, limpia, sin la sucia carga de lo somático. La carne cansada es el remanso del alma y así, aligerándola, es difícil que se venda el alma al diablo.


[1]Italianos.
[2] Popularmente, centro medio en fútbol.
[3] Coño.
[4] Vieja moneda argentina.