viernes, 7 de abril de 2017

ARGENTINOS: CON LOS PIES EN EL AGUA Y UN TARRO DE BOSTA POR CEREBRO



ARGENTINOS:
CON LOS PIES EN EL AGUA Y UN TARRO DE BOSTA POR CEREBRO


Decía Darwin, refiriéndose a la Argentina: “La profusión de alimentos hace imposible la laboriosidad, contradicciones de ésta tierra bendecida por la mano del Creador”. Otros hablaron después de la tragedia de la prosperidad, que tal vez sea ésa la causa de que tengamos los pies en el agua y un tarro de bosta por cerebro. Y si no, no se justifica que nadie conozca con certeza la extensión de los yacimientos minerales argentinos, luego que los jesuitas exploraran las minas de oro y plata de Famatina en la Rioja. Y que más del 50% de la subregión húmeda pampeana se encuentre sin arar ni sembrar, igual que en los albores de nuestra independencia. Simple... Nunca pusimos los pies sobre la tierra.

Razón tenía el pediatra argentino Florencio Escardó diciendo que “al nacer, una persona cambia de un mundo acuático a uno aéreo y esa transición es muy difícil. Por eso, lo más sensato es aliviarle en lo posible el dolor y el estrés”. Nuestro destino es de mar y de cielo. Ya lo dice la canción Aurora refiriéndose a la bandera argentina: “Azul un ala del color del cielo… Azul un ala del color de mar...”. Hasta en Villa Carlos Paz los nombres de los teatros tienen que ver con esto... Teatro del Cielo, Teatro del Lago y Teatro Acuario.

Incluso el petróleo fue un regalo: en 1907, buscando agua en Comodoro Rivadavia, se encontraron accidentalmente con petróleo refinado; hace más de ochenta años descubrimos el primer pozo y salvo pequeños periodos no logramos autoabastecernos. Por ejemplo Canadá, que descubrió sus yacimientos unos cuarenta años después, Australia cincuenta años, Noruega sesenta y Egipto hace pocos años, ya son exportadores.

Muchas revistas y suplementos se editaban en Chile, por los costes de impresión y el papel de mejor calidad, porque no tenemos fuentes nacionales de aprovisionamiento, siendo Argentina un gran productor potencial de celulosa, pero creemos que jugamos un gran “PAPEL” entre los países del primer mundo.

A principios del siglo pasado, éramos el segundo país exportador de alimentos. A día de hoy seguimos exportando pero sólo futbolistas (mucho menos cotizados que los del Brasil).

Ya se proyectó en los años sesenta la ciudad deportiva de Boca Juniors sobre las aguas del Río de la Plata, ¡un hecho ridículo en un país donde lo que sobra es la tierra!, ¡Y qué tierra, donde uno echa un gallo y crece una planta!, una tierra con una extensión de casi cuatro millones de km2 y lugares despoblados donde no hay un mísero habitante. Y quedó no más como Cartago, la ruina de las ruinas, como tantas obras en Argentina que tuvieron salidas de brioso caballo alazán y paradas de burro cordobés. No es que nunca se terminen, siempre se reforman hasta que se autodestruyen. El Foro de la Democracia que inventaron en el parque Sarmiento de Córdoba encima de los despojos del viejo gimnasio provincial que dio albergue a tantas noches inolvidables del boxeo cordobés, agoniza derruido por la incuria de los demócratas que jamás de arrimaron, ni siquiera para mear. O la fachada del Congreso en Buenos Aires, imponente obra arquitectónica, que no estaba habilitada, razón por la cual los parlamentarios entraban por una puerta lateral (no se podrá deducir la diferencia entre la liviandad de los proyectos que entraron y la pesada carga de lo que sacaron).

En la madrugada de hoy viernes, me entero por un periódico de Córdoba, que hoy es el día de la Samba. Es evidente que seguimos en la joda…  en tanto, el mundo está que arde entre las mierdas que nos dejan las democracias y el olor a pólvora hacia tanto inocente masacrado. Y nosotros los argentinos, pensando en la Samba y en hacer paros… Encima, a mi ¡ni me gusta la Samba ni me representa! (ni los políticos ni los deportistas tampoco).  A mi lo que me representa es la música de los barrios y ciudades, como es el Tango.

Siempre pensé que es más auténtico un negro de traje lustroso cantando tangos en un bar de barrio con luz mortecina, que no unos tipos disfrazados de gauchos tocando en los festivales de folclore. Para cantar tangos, se requiere una voz educada con el estilo de un tenor o un baritono, por eso Gardel, es Gardel, y el Polaco, es el Polaco.

La mayoría de los folcloristas solo gritan… con la excepción de unos pocos, por ejemplo Los Quilla Huasi.   

El campo criollo sólo es alegoría folclórica; está en el alma del cancionero nativo, pero no en el sudor de la frente. Les doy una lista de nuestro “Plan de Fomento Agrícola-Ganadero” a través de festivales: Fiesta de la Cerveza en Villa Gral. Belgrano, Festirama de Río Ceballos, Festival del Trigo en Leones, Festival del Sorgo, Festival de la Miel en San Marcos Sierra, Festival del Cabrito en Quilino, Festival del Poncho, Festival de Doma y Folclore de Jesús María, Festival de Cosquín, Semana de la Tradición en Dean Funes, Fiesta del Alfajor en la Falda, Festival de la Empanada en Villa Ciudad América, Festival del Malambo en Laborde, Fiesta del Salame en Chucul, Fiesta del Durazno y el Chorizo en Pavón (prov. Santa Fe), y seguro también no faltará la fiesta del porongo (por el mate, no vayan a pensar mal). Total, que los discos de música han reemplazado a los discos del arado, hay más chacareras[1] que chacareros[2] y la verdadera revolución no solo es la agraria. Hasta hubo una guerra folclórica en el año 1941, a raíz de un pleito sobre la paternidad autoral de la zamba[3] La López Pereira.

Las fiestas en el campo, se deben hacer como culminación a las buenas cosechas, en agradecimiento a los dioses. Nosotros… en fin, para que hablar. De ahí un poco nuestra desgracia telúrica “…Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…”. Porque la tierra es un bien mercantil de producción si hay amor por ella y se la fecunda. Para explotar la tierra primero hay que saber convivir con ella como en el matrimonio, igual, igual...


[1] Música folclórica argentina.
[2] Agricultor argentino, poseedor de una chacra (casa de campo).
[3] Con zeta, música folclórica argentina.

lunes, 3 de abril de 2017

EL INICIO DE LA LIBERACIÓN PARTE II



EL INICIO DE LA LIBERACIÓN
PARTE II

El otro día les estuve hablando de los inicios de la liberación de las mujeres bajo mi punto de vista (de muy estrecha dimensión).

A finales de la década de los 50’, comenzaban los primero escarceos en las relaciones entre jóvenes. De la pubertad a la juventud hay tres o cuatro pasos… que conducen a los bailes del centro, los cuales eran muy importantes para el despertar de los apetitos amatorios o como yo diría “culiatorios”.

Y ya que estamos hablando del baile, "bailemos" en un lugar que hizo época: Montecarlo. Ahí, en ese primer piso de la calle Rivadavia, entre Sobremonte e Hipólito Hirigoyen, estaba el epicentro de toda la mezcolanza étnica y social de Río Cuarto, con horarios familiares y noche, donde concurrían las mujeres entraditas en años que habían tenido su "oportunidad" en la vida o habían probado "su suerte". Muchas de ellas pasaban a engrosar la lista de los "trofeos gastados", corriendo por su sangre los últimos alborotos, en complicidad con el humo y las luces tenues. Tenían soltura y discreción para campanear el “macherío” por muchos años de tirar la chancleta[1], pero en una de ésas eran como el auto viejo de un tacaño del pueblo: un estertor resoplante de hierros viejos (había que tener la audacia de arrancarla para saber) y lo sui generis del tapizado de los asientos con desgarros, cortes y colgajos, igual que si dos leones hubieran estado cogiendo adentro. Ya lo dijo Sofía Loren que es fantástico que la gente sea capaz de enamorarse, tener un romance y hacer el amor hasta el día de su muerte.

Sábados o domingos también eran campo de acción de muchas chicas de vecinas poblaciones y que pertenecían al conurbano “riocuartense”, como Higueras por ejemplo. Eran más retraídas o cohibidas, sirenas pardas de suburbio cachafaz, camufladas con su peinado intocable de laca rociada o pelo de azafrán, en razón de no estar familiarizadas con lo que implica la dinámica del centro de la ciudad y sus “coiffeurs”, a parte del lógico recelo que provoca un ambiente que se intuye, como campo de iniciación vertical para mejor entendimiento ulterior sobre la horizontal. Por más show, maracas y colorido que le pongan a la sala, ésas eran tiesas como una muñeca Barbie con subido rubio teñido, que son las peores rubias, las morochas que tienen "vocación de rubias", con el cuero cabelludo convertido en negro lecho que es la auténtica plataforma del artificio. Es que… los negros, al igual que Hichtcock, sentían devoción por las mireyas. (Con los años yo las llamé “rubias de avión”, ya que tenían la caja negra).

Siguiendo con las "rubias", eran TIESAS, TAN TIESAS... que pasaban dos horas y ellas seguían inmutables con su peinado intocable rociado de laca, aferradas a la cartera. Y la mesa llena de Coca-Cola o naranjada, pues no bebían alcohol, ni fumaban, ni... ¡ni!. Nadie, salvo algún arrojado y misterioso solitario las sacaba a bailar. Además que todos sabían que tenían que tomar el último ómnibus de la noche, para Higueras o Banda Norte. De "eso", nada tampoco. Parecían del club de las virgencitas, somnolientas expresiones con cara de mal dormir y buen “culiar”, que nunca se sabe bien.

De otro linaje, con la mayor osadía que da el renombre social: chiquillas, jovenzuelas o estudiantes, con maquillaje más discreto y el pelo "artísticamente" despeinado, eran como un pan rasqueta tierno y calentito de esos de las ocho de la mañana. Poseían el descaro de la mocosa que se siente adulta... Pebetas de la Escuela Normal, el Cristo Rey o Teresianas, da lo mismo. Iban de uniforme azul o marrón, niñas de esas que se acomodan el calcetín de un pie con el dedo gordo del otro. Daba gusto admirarles los pelitos rubios de sus fornidas piernas, cuando detenían la moto en un semáforo. Las mismas crías volvían locos a los veteranos que las miraban pasar desde la vidriera del Gran Hotel, mientras se escarbaban los dientes con el mismo palillo de atrapar la aceituna y hablaban de política. Y no faltaba alguno que le decía al amigo del bar en broma: "¡Ché, no mires tanto que puede ser tu hija! ¡Mirá que ya tiene un "lomazo" con los doce que tiene!”.  Ésas pibas eran el mayor polo de atracción del Montecarlo.

Otro tipo de mujeres especiales que no faltaban nunca eran las que tenían fuego en los ojos y whisky en la mesa, bien cutres, de esas que levantan el dedo meñique al beber para irla de finolis; algo de gata, mediana edad, media sonrisa y un cuarto de seno que sugiere. Son mujeres que tienen grabada una determinación al mirar con persistencia: "¡A éste me lo voy a coger!”. Y cuántos muchachotes tuvieron gracias al Montecarlo su primer abrazo tembloroso o el primer vaso de whisky, o la "encamada" ya en plan más reservado, y descubrir que a veces es mejor "desarrugar que romper", si no te podían asustar con la Galli-Magnini, que era por entonces el método de diagnóstico de embarazo. Ahora para casi todo te pinchan un dedo y en una de ésas descubren que son hijos de Gardel. En la puerta de ese mítico baile, presencié con doce años cómo las mujeres de Río Cuarto se comían a besos al famoso cantante de boleros Gregorio Barrios; y el recuerdo inolvidable en el año 59 o 60 de la orquesta de tangos de Aníbal Troilo, con sus cantores, nada menos que Roberto Goyeneche y Roberto Rufino.

Muchos "chicos" que iban al Montecarlo, una vez logrado el objetivo con la chica de turno, si ésta era de humilde condición y pongamos por caso un día cualquiera paseando con una persona de su clase (y más si era su novia) se encontraba por casualidad con ella, no sólo era incapaz de las palabras o el gesto de saludo, o el chau, sino que se cambiaban de vereda con cobarde disimulo, atisbando de soslayo lo ansioso de su mirada. Se entiende: podía ser "sierva" de alguna de sus "relaciones". Es el mismo cínico que la miró en el baile con el deleite propio con que hubiese mirado a Jennifer Jones. Ella sólo sirvió para que él dejara aquel domingo por la noche de practicar la habitual fecundación in inodoro de sus masturbaciones. La "negrita" creyó haberlo hecho feliz, porque él le dijo en el momento de la simiesca convulsión eyaculatoria las imbecilidades propias del jadeo terminal, en donde la palabra amor, que es frecuente en ese instante, se convierte en una palabreja rodeada de los tics electrificados, cuando viene el "¡me voy!, ¡que me voy!”. Y se fue nomás todo al carajo. El muy cínico le negó el saludo y se cambió de vereda. Ella se hubiera conformado sólo con hablarle o tomar un café. Él había tenido ingenio para hacerla caer; ella sacó la ingenuidad o el candor que le hizo creer que decir amor en esos momentos significaba algo importante.

Ahora es de señalar, empero, que las “morochas” de ese calado generalmente son enfermas sentimentales, no están en sus cabales, aman a quien no lo merece, en razón de un deslumbramiento masoquista hacia una especie de “machito” de superior clase económica, como pasa en los culebrones sudamericanos. Por sentido práctico, las mujeres, y de cualquier condición, se inclinan “donde calienta el sol ($)”.

La nobleza y honestidad al servicio de las familias
No tengo la culpa de que esto sea así. Pero “esas chicas” sirven para todo, especialmente las de cama adentro. Son confidentes de la mujer, amantes del marido, iniciadoras de los escarceos sexuales del hijo y factor de cohesión familiar por regular los horarios de las comidas. Gracias a ella, la casa nunca estará vacía. Pero jamás le pagaron bien, ni le pagarán, porque es sinónimo de palabras como siervo, vasallo, esclavo.

Seguro que éste fue uno de los motivos fundamentales de la rebelión de las mujeres que viro hacía el feminismo más recalcitrante, que próximamente habaré en otro blog.



[1]Popularmente, mujer fácil.

viernes, 31 de marzo de 2017

CADA VEZ TE ECHO MÁS DE MENOS



CADA VEZ TE ECHO MÁS DE MENOS

Como dice un famoso Tango: “cada vez siento más la soledad…”

La soledad que yo experimento es igual que el interior de mi nevera: las manzanas están arrugadas, la leche agria, las bananas con la cáscara de ébano, las mermeladas con hongos a flor de cucharadita, ajos con cabezas jibarizadas y dientes cariados.

¿A dónde fue a parar mi fama de picante para las minas? Se ha convertido en un abominable tesoro de calcetines y camisetas restregadas debajo de mi cama.

Esta soledad, me hace echar de menos al gato que tuve… siempre se interponía en mi camino y trepaba husmeando el frío y mi calor también. En la cama, palpando a mi lado, sé que estaba él, con su pelaje más tibio que la indiferencia de una mujer de ocasión. Gracias a él, tenía: la cortina rasgada, el sofá rascado y la mesa rallada. Todo eso que disgusta a las visitas. Tanto mejor: no volverán. Son pocos los que vienen: fisgonean, huelen el comedor, hacen valoración de mobiliario y tocadiscos para deducir mi “nivel”... Por eso me divertía mucho ver al gato en el sofá presidiendo un bostezo como si quisiera tragarse la última estrella que corre detrás del tren de Sant Andreu del Palomar.

Tan importante era mi gatito (el cual no tenía nombre humano) que le dediqué estas palabras:

Pero...
también se le está acabando la cuerda.
En las noches de verano,
luego de los chaparrones mira hacia los tejados;
ningún maullido le responde...
se pone viejo mi gatito.
Un día, dejó de saltar hacia la cima del ropero.
Él  que iba para tigre o gato montés o lince!,
ya no puede pobrecito.
Se le ha puesto blanco el pelo de las cejas;
está triste mi gato.
Se pone viejo mi gatito...
Por más que mire hacia los tejados
luego de los chaparrones de verano
ninguna gata errante se cruzará para el...
por más que fulguren las estrellas
Al igual que a mi,
junto a la decadencia
se me vino de golpe toda la soledad
como un chaparrón de verano...
Al día siguiente
el sol seguirá su trabajo
de secarnos el corazón
y endurecernos los huesos…


miércoles, 29 de marzo de 2017

LA GENTE HUMILDE NO SABRÁ NUNCA CONCRETAMENTE QUIÉN LA ESTÁ CAGANDO, PERO SABEN CÓMO ES LA MIERDA…



LA GENTE HUMILDE NO SABRÁ NUNCA CONCRETAMENTE QUIÉN LA ESTÁ CAGANDO,
PERO SABEN CÓMO ES LA MIERDA…

Siempre tuve especial simpatía hacía los zapateros de mi barrio. También me agradaba el olor del taller. Uno de las zapaterías que más me gustaba era el de los hermanos Bressán, frente a la placita de ejercicios, y a cuadra y media de ellos estaba otro colega, Don Samuel Welner, que con el tic e tac e tuc (tiquetaquetuque, decía un tango)[1] hizo estudiar a sus dos hijos. Julio, el mayor, era amigo mío y compañero del bachillerato. Este tenía el don de la parla, el tono coloquial justo para hablarle a la gente de espectaculares proyectos y las elucubraciones más inverosímiles, a través de una retórica convincente y práctica. Él hacía la perfecta simbiosis marxista-capitalista (términos aparentemente antagónicos), y haciendo piruetas dialécticas, sin jamás elevar el tono de voz, se ganaba su respeto, entre aquella constelación de palurdos, con su rulito de querubín y labio inferior de Sammy Davis Junior. Jamás lo imaginé al Rusito Welner cerrando los ojos al besar, igual que ocurre con Mariano Rajoy: son como personas invulnerables a la emoción de darse.

El Rusito les podía mentalizar sobre la conveniencia de hacer más ricos a los pocos ricos que había en el país, para así con el "sobrante" de sus lucros superlativos podrían repartir dinero-limosna, lo cual sería la gran solución para los sumergidos en la pauperización; y de paso harían una suerte de socialismo travestido, pero socialismo al fin, como propugnan las socialesdemocracias centristas de la aldea global en la actualidad (como verán, el Rusito fue un adelantado en esto del neocapitalismo), y los ciento veintiocho costados de sus variables políticas poliédrico-camaleónicas. Y a los que se iniciaban con los postulados marxistas-leninistas y sus "paraísos" del proletariado de los años sesenta, les adoctrinaba: "La justicia social, muchachos, es una cosa; la empresa, otra. Donde la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, y el poder sabe que poder se puede (que no se deba ya es otra historia).” Miren, bajo mi opinión eso de la izquierda o la derecha vale en el juego de la vida para conducir coches y para el fútbol, y el centro para parir hijos o cagar. Aunque también el centro vale para el fútbol; lo inventaron Pedernera, Di Stefano y Kubala. Los de centroizquierda son como mucamos[2] de casa de ricos: ya sabe uno hacia dónde se inclinarán. Pero en política son conceptos mentirosos... No existen... Para mí, claro, quizás por la edad, ninguno de los dos extremos es correcto. Los de la izquierda cuando les ha tocado gobernar lo han hecho como de derechas, ahí fue el caso de IU, por algo les llaman Idiotas Útiles. Es la mezquindad insolidaria que les lleva a las disidencias y fracturas partidarias. Los de derecha han sido al menos más coherentes con su condición, han gobernado siempre como lo que son: entre ellos, entrañables cómplices, excelentes compinches, ejemplarmente solidarios y con mucho dinero, con lo cual se es mucho más solidario. No se sabe de ningún fascista que se haya convertido en marxista. Y la política de centro tampoco sirve, pues es como un chicle flexible que se estira hacia la derecha  y hacia la izquierda.

El Rusito con solapada manipulación argumentaba:
- “¿Ustedes se creen que sin los ingleses hubiésemos tenido una ciudad como Buenos Aires? Fue durante el gobierno conservador del radicalismo, la era de Marcelo T. de Alvear, de cuando tirábamos manteca al techo. Sí, ya sé lo del expolio, la explotación, el coloniaje, todo lo que quieran, pero para tener cosas algún culo tiene que sangrar. Y no serán tan ingenuos para creer que le tocará al de los que poseen el capital. jajajaja Y agradezcan a los piratas, como los llaman ustedes, que inventaron el fútbol para hacer felices o entretener a millones de personas cagadas de hambre. El crecimiento económico y la creación de riqueza y puestos de trabajo dependen de las empresas privadas. Se equivocan los que creen que la derecha beneficia a los ricos; y si no miren: con los capitales ingleses tuvimos una de las mejores redes ferroviarias del mundo. Y el tren más rápido de pasajeros de Sudamérica: el Cuyano, que hacía los mil kilómetros y pico entre Buenos Aires y Mendoza en 11 horas. Los ingleses siempre se adelantaron a todo, sólo por saber conservar sus símbolos. ¿Qué es la nobleza británica sino un símbolo? Lo que pasa es que hay que tener dirigentes gremiales honestos para que no te toquen el culo. Por eso la historia argentina parece marcada por el pulgar de Nerón y la ley de Murphy. ¡Pero inventamos el dulce de leche!".- Y seguía machacona e insidiosamente… - Los ricos nunca vivieron de los ricos, sino a expensas de la fiebre consumista de la clase media, capaz de trabajar veintisiete horas por día para que los poderosos luzcan mansiones y coches de marca y ellos, se saben de memoria la lista de modelos que no tendrán nunca. Pero, fundamentalmente, son los pobres de las mayorías los que les llenan los estadios, les compran Adidas o alpargatas, les comen sus hot-dogs, los pobres de las mayorías que votan a las mayorías que se les antojan a las minorías. La clase media es una farsa, el mundo es de la derecha y los miserables que trabajan para ellos, sin el más mínimo derecho a una existencia digna como ciudadanos. Es imprescindible que haya pobres para que existan los ricos. ¡Lógico, muchachos! Son el tejido social de soporte del rico y punto de referencia comparativo para que la clase media se sienta realizada. Aunque, ya se sabe, la clase media argentina tiene varios colchones de repuesto para amortiguar la caída, y hacen la película de aparente bienestar que le gustaría hacer a los pobres. ¡Y qué cagazo se llevaron con el corralito!. Se acabó el dulce, a probar lo que tantas veces se alabó, “que los pobres son los más felices, y no tienen estrés y no se cuánto”. ¡A ver que lo prueben!. A ver si les es tan fácil ser pobres!.-

Qué gran razón la del Rusito…
De igual manera opino que sería impensable una sociedad en la que todos fueran genios. Se convertiría en un mamarracho, algo caótico, puesto que los genios son rupturistas, rebeldes, inconformistas, locos. Todo terminaría siendo un quilombo. De ahí viene donde se hace imprescindible el contrapeso de los mediocres y los ineptos. Y si no piensen: ¿quién va a barrer sus porquerías?.

Los ricos saben aquello de que “quien parte y reparte no va a ninguna parte”. Para evitar eso se sacaron de la manga el cuento que llamaron "política de recorte salarial" (¡no te doy ni un mango más!) para mantener puestos de trabajo, que sería, imagínense, algo más o menos así:
“Un gerente reúne a sus trabajadores y les dice: "¡Sorpresa, sorpresa! Buenas noticias... Tengo la solución. Tendrán una rebaja en el salario para que así puedan continuar en la empresa; ya saben, la crisis... Esto es sólo un “recorte”; no hablo de congelar sus salarios, pues esa guita que ustedes se han ganado en buena ley, no se come, sirve para comprar comida para sus familias, y la comida sí se congela. Por eso nosotros siempre, asumiendo sus problemas, sólo recortamos, no como otras empresas que congelan salarios.”

¡Y encima hay que poner el hombro!, son medidas “realistas” dirigidas a cagar al de menores posibilidades. Así tapan su inclemencia con fomentos de lengua.  Porque la gran duda para este cretinaje de ladinos es la de saber si el pueblo podrá alimentar a los gobernantes en la forma adecuada. E incluso no importa mucho quién esté al frente del gobierno, mientras éstos obedezcan a quien manda (EEUU). Europa les debe demasiado para decirles que no. Cuando ellos decidan dictadura, así será. La democracia existe ahora porque lo quieren los países del club de los patrones internacionales del capitalismo, que poseen la fuerza.

El Rusito me decía:
- “Por eso, Negrito, convéncete de que el mejor estado es el gripal, porque te puedes quedar en cama seis o siete días, olvidándote de todo... La gente humilde no sabrá nunca concretamente quién la está cagando, pero saben cómo es la mierda. Tienen claro que hay que trabajar para comer dignamente y no comer para poder trabajar. Por eso, no hay que pasarse de rosca con ellos. Ya están avivados con lo de la “tecnología punta”, que da a las empresas la posibilidad de ser más productivas y rentables a costa del aumento de la desocupación”.
De todo esto han pasado más de 30 años y a día de hoy, a los chicos los mandan a estudiar robótica, que es más o menos lo que decía mi amigo, Samuel Welner.

El Rusito podía cambiar el "verso" argumental en 180º. Como los hábiles vendedores, estaba preparado para vender una mercadería que no existe, sin gastar mucho los zapatos. Y el baile de Sampacho, te lo contaba como si hubiera ocurrido en Acapulco. Y te demostraba que para hacer un buen clericó se puede prescindir de la fruta y el vino; él te lo hace por ordenador, sin moverse de México (donde reside ahora). Fíjense qué vivo el Rusito.

Cierta vez un amigo, en tono rezongón, le soltó: “Otro país tendríamos, si en vez de haber sido colonizados por los españoles nos hubieran tocado los ingleses, como a los norteamericanos”. A lo cual razonó con presteza el Rusito: “¿Y no pensaste que tal vez podríamos haber sido como la India?… pues ahí estuvieron bastante los ingleses. Cuando se fueron, levantaron todo y la redujeron a una gran costra de miseria y atraso que desemboca en el Ganges, un paraíso de pestes. Además pibe, remató el Rusito, estuvieron siempre en nuestro país. Buenos Aires creció a expensas del contrabando inglés, en detrimento del resto del país; contrabando casi institucionalizado, mafia de piratas que en los primeros años del siglo XVIII lucró con el tráfico ilegal. Así Buenos Aires sobrevivió en el primer siglo de vida gracias a una burla permanente de la ley. Ellos traían mercaderías lujosas; los porteños pagaban con cuero y sebo. Con diferentes artículos, ahora ocurre igual. Buenos Aires siempre fue un feudo para contrabando de capitales o sucursales foráneas que nunca representan capitales para el país”. ¡Cuánta razón tenía el Rusito! Uno de nuestros poetas más ilustrados, Almafuerte, en un famoso discurso dijo de los británicos: “¡En honor de Inglaterra, la del comercio estupendo, con sus colonias tan poderosas y tan libérrimas, como las más espléndidas naciones…!”. Así, tan desacertadamente, calificaba a esa caterva de rapaces del saqueo en todos los mares de la Tierra, que eran los mares de Su Majestad. Almafuerte no sabía que les hacía el caldo gordo a las quinientas familias de la oligarquía rural argentina.


[1] Golpeteo del martillo.
[2] Sirvientes.

lunes, 27 de marzo de 2017

¿PARA QUÉ TANTA PALABRA…?



¿PARA QUÉ TANTA PALABRA…?

Este viernes pasado llovió y llovió. Las gotas caían en el charco de mi alma, y pensé, en un arranque de sensiblería que hay palabras imprescindibles, como en el Tango por la vuelta “Quedate siempre, me dijiste… afuera es noche y llueve tanto… y comenzaste a llorar. La historia vuelve a repetirse… mi muñequita dulce y rubia”.

Esta mañana también llueve, pero se me rompió el encanto cuando escuché en la televisión que Artur Mas dijo “Hemos dejado de ser súbditos de España…” o sea, ¿para qué “tantes paraules”? No tiene nada de original lo que dice, esto lo podría decir cualquier navajero, debería cambiar su argumento teniendo en cuenta que él es el imputado. Con esto no quiero atacar a los catalanes, no me mal interpreten, ya que sé que idiotas se cuelan en las múltiples rendijas de la sensatez de lugares como Cataluña u otros.

Ya llevo más de 40 años emperrado como una mula en no hablar el catalán, para manifestar mi rebeldía con silencios, ante esta cuestión de la lengua. Fue en vano. No hice mella a nadie. Ni Pujol ni el conseller de Cultura ¡ni puto caso me hicieron! Es que los catalanes son impenetrables. No les entran las balas. Pero hubo una excepción: en un bar, conocí a un radical del idioma catalán, con esa parquedad verbal, silencios tajantes y marcada tozudez para con el castellano. Como un dictamen de la tramontana, su mente se movía con una terquedad payesa, muy lejos de los artificios verbales de los argentinos, de los cuales yo estaba bastante podrido.

Los dos nos negamos a usar la misma lengua como nexo de comunicación. Y fíjense que terminó siendo uno de mis mejores amigos. Siempre mudos, ambos, al igual que con mi minino. Yo, Marcel Marceau; él, Buster Keaton. Más aún: un duelo actoral de Laurence Olivier y Michael Caine, toda la elegancia puesta en lo gestual sin caer en la exageración del mimo. Con los ojos hablábamos. El leía el Avui, yo, el País. Compartíamos manjares (cuando se come, no se habla; es de mala educación); comíamos lengua a la vinagreta, yo pedía facturas. Con la mejor coherencia semántica catalano-argentina, también escuchábamos tangos (cuando se escucha, no se habla), veíamos fútbol (como espectadores desapasionados)... ¿Para qué las palabras? Aznar “parlant català” con sus íntimos, Pujol intentando hablar en pleno concierto de Los Chunguitos... Verba volant (“palabras al pedo”)... Es tan importante no hablar que si Judas Iscariote lo hubiera hecho, Cristo no moría en la cruz ni nos salvaba: la Redención sería palabra muerta (¿será Judas el verdadero Mesías?). Si los que mandan en temas lingüísticos fueran más vivos, palabras como “Spañya” podrían sintetizar un triángulo idiomático reduccionista inglés[s]-castellano[ñ]-catalán[ny], en una verdadera confraternidad cultural. Ya que hinchan tanto los huevos con lo del bilingüismo... y la cacareada normalización (sobre todo para los niños y jóvenes). Es de preguntarse escuchándolos hablar por la calle si ya están “normalizados”: ¡Está guay! ¡Osti tu! ¡Esto mola, que cabrón! ¡Me cago en la puta! (o en la leche, o en la Hostia)... ¿Sabrán algún día que el silencio es la mejor música del amor...? ¿No será mejor que se “desnormalicen”? También, con la cultura educativa que les ofrece la televisión oficial de la Generalitat (verdadera apología de la violencia).

Hasta que un día en el restaurante Las Cuartetas de mi querida amiga Elena me dije: “Esto de no decirse nada es bastante aburrido. No podemos seguir toda la vida así con este tipo. Lo voy a sorprender”. Con el más cuidadoso acento catalán, le disparé de golpe: “Ton, t’estimo molt. La catalana, quan petoneja, petoneja de veritat”, haciéndome el gracioso. En argentino me contestó: “No tenés palabra. Teníamos un pacto, ¿no? Sos un charlatán de mierda”. Y se fue, sin dar un portazo, porque como buen catalán no da portazos, ni nada. Salí a buscarlo. Estaba mustio, parado junto a un semáforo, con un paquetito envuelto en papel de plata; “Tomá, mi madre las hizo para ti. Ella sabe que te gustan mucho, y como en el Versalles no las hacen más...”. Eran unas tostadas con escalibada. ¡Qué arrepentimiento sentí!

–“Te gustaría acompañarme a la Argentina?”- le dije.
– “No he perdut res- contestó tajante”…

-“¡Escolta maco! (sí, ya sé, dejemos l’escolta; de maco, nada). Mirá, macho, espero no verte más ni en pintura. Chau nene. Para mí sos campanada a mort, ciutat cremada. Dejate de homenajes a tus muertos. Después dirán que los argentinos somos necrófilos... Vuestro único símbolo real es la estrella de La Caixa, la guita. Falso, los catalanes más universales, por genética u oportunismo, fueron franquistas. Dalí, Samaranch, Monturiol…”-. 

Y le seguí reprochando. – “Naciste entre el fuego y la sangre, a los márgenes de la gualda de España y  tu senyera. Tus abuelos eran negreros en Cuba, daban ron y látigo. Después se hicieron los románticos e inventaron el “cremat” y las “habaneras”, vendiendo como tradición cultural catalana lo que fue una brutal explotación de los negros. Y conste que te hablé con cariño verdadero, sin pensar si estaba en Barcelona o en Córdoba. Eras vos, en cualquier bar, en cualquier esquina, en cualquier ciudad, el que yo quise como mi amigo. Lo primero era integrarme contigo. ¿La sociedad? Me importa un bledo. Vine a esta tierra anhelando un tipo como vos, prescindiendo de los demás. Pero veo que eres uno de los tantos “normalizadores del idioma”. ¡Qué joder! Pídanle a Johann Cruiff, que tuvo todo el tiempo del mundo para aprender el catalán, que lo hable, exíjanle que bien al pedo ha estado treinta años forrándose a expensas de la pelotita. Yo hace muchos más años que estoy laburando acá, rompiéndome el culo y no tengo tiempo para estas iniquidades de la lengua. O pídanselo a su hijo, que nació aquí y se llama Jordi. Hipocresía total: jamás se dignó a hablar vuestro idioma ni para decir “t’estimo” mientras se echaba un polvo. Con un rubio y holandés no hay que meterse. Con “especies superclase” ustedes no se involucran: ¡SE RECONTRACAGAN! O a Pavlosky, que también está muchas horas al pedo satirizando encima a la burguesía catalana. Sinó mirá, llegó un pendejo de diecinueve años como Saviola y le preguntaban en catalán o le ponen un adminículo en la oreja para la traducción. Pobre pibe… Y con Messi lo mismo.. No es forma de ganarse a una persona para la causa del idioma. Lo reducen a un cuerpo extraño, lo minimizan hasta ningunearlo, en seca síntesis de mala educación. Sois unos aprovechadores de mierda. ¿Por qué no les dicen a Messi o a Pavlosky: “Tú entiendes el catalán, ¿no?”? Es que nos sale sin darnos cuenta, pero no con ellos. ¡MENTIRA! ¡QUE MIERDA NO SE VA A DAR CUENTA! ¡Hay que ser coherente! No es de forma prepotente y presionando a las personas que se las integra. Una cosa es el catalanazo y otra es la catalanidad hecha desde la concordia y la verdadera comunicación humana, que nace del entendimiento sin palabras, como nuestra amistad, como el amor… Tengo razón, amic meu, “i tant, i tant!” Si sólo bastan dos cosas para entenderse en otros idiomas: “d’acord, ok, capito?, fes-me un baci, mon amour, please; tengamos un fill...” Así nacieron muchas familias a través de estas síntesis idiomáticas, que al fin son mágicas palabras sin necesidad del preceptor de lenguas. Y gracias a vuestras mujeres se dio la xenofilia más perfecta en cualquier noche loca al conjuro de las olas del mar, sin importar la procedencia sino la necesidad de amar. Todo lo demás, política pura, donde las palabras no sirven, sino para transfundir intereses y demagógicas campañas nacionalistas. Esas hembras, inflamadas de catalanismo insobornable, sí permitieron la integración desde el prisma de la pasión, el afecto y la entrega mezclados en mágica coctelera a la hora de mover el culo bajo el son de una salsa caribeña o una rumba catalana (que por cierto, la inventó un argentino). Después lo compensarán un domingo ensayando unos pasos de sardanas delante de la Catedral para convencer a los viejecitos que quieren entrañablemente a sus ancestros. Amén de todo eso, el argelino Ben Bella dijo hace mucho una premonitoria frase: “Los musulmanes reconquistarán España con el vientre de sus mujeres y las mezquitas” En tanto se entretienen con el vientre y demás de la oferentes mujeres europeas a quienes odian por más que estas quieran vivir “la Pasión Turca” de Antonio Gala. Todos los símbolos de identidad catalana se borrarán poco a poco, cayendo por insuficiencia procreativa de sus mujeres.”-.

Corté mi monólogo acusatorio. Pobre amigo mío. ¿Quién era yo para enjuiciarlo después de todo? Sobrepujando su airada indignación, me contestó con altanería imitándome en el deje argentino de los nervios que tenía:

- “¿Te creés cantor de tangos, Negro piojoso? Te viniste cagando de allá para que no te tiraran al mar. ¿Viste?”.

Total, que después de esa conversación desapareció de mi vida... ¡Con lo bien que nos llevábamos! Con el tiempo, me enteré que ni siquiera se llamaba Antón, sino Gastón. “La seva mare”, la señora Güell, para ahorrar gas, usó sólo el apócope Ton. 







martes, 21 de marzo de 2017

RASTREANDO RECUERDOS. Sapo Cativa

RASTREANDO RECUERDOS 
Sapo Cativa

Hace años, compartí en Barcelona la amistad del Sapo Cativa, gran humorista y recitador de Argentina. Debutó en Radio LV2 en un programa titulado: “Nosotros los Cordobeses”. Junto a él trabajábamos la locutora Rina, el Doctor Carlos Hairabedian y un servidor. Corría el año 1972…

Fue el único humorista cordobés que actuó de forma estable en la Cuidad Condal; en un local llamado 240.  

Después de que el Sapo estuviera aquí viviendo unos meses en Barcelona a principios de los ’80, recibí una carta suya desde Argentina.



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Buenos Aires, las dos de la mañana, ¿cómo estará Barcelona?

Cuando llegue esta carta, querido e inolvidable Negro, tal vez antes no hayan sido demasiados los motivos como para escribirte… Yo sabía que en cierto momento mis más profundas cosas me impulsarían a hacerlo, creo y te pido lo comprendas, el hecho de escribirte ahora suma todas mis intenciones, todos mis momentos en que pensé en esas circunstancias “ahora maravillosas” por las cuales pasé en Barcelona.

Tengo la seguridad que esta carta, falta de “NOTICIAS”, te dará más alegría que decirte tal o cual cosa. Mi profunda intención, es hacerte saber que en un poquito de tiempo a estas alturas de mis años, que son pocos pero sinceros, puedo ahora decir que tengo con seguridad, que tengo la dicha de tener amigos como vos.

Tal vez la radio no fue suficiente, no creo que haya sido la distancia, seguro fue un bife compartido, un tango y un departamento con características de “templo” lo que nos hizo definitivamente Amigos.

Desde una ventana mirando al cielo enviándote un beso a través de cuatro o cinco estrellas, que serán los satélites naturales encargados de que mi saludo te llegue pleno de todos mis mejores recuerdos y mis más profundos deseos de que tu hombría y tu vida sea como vos te mereces.  

Saludos a todos los amigos de allí. ¡Escribíme y salud!

Tu amigo, Sapo