NIÑOS:
ESA MALDAD DISFRAZADA DE ANGELITO
La cabalgata de los reyes magos, es
uno de los atractivos más tradicionales de la cultura catalana. A pesar de que
acá, hay un sentimiento pagano en la sociedad, la noche de reyes se convierte
en toda una algarabía tanto para niños como para adultos. Los pequeños se
transforman en torpes vándalos arrebatándose
los caramelos unos a otros. Mientras tanto, a los progenitores les da igual que
sus hijos cojan las golosinas del suelo para después comérselas. Los padres son
corresposables en este inicio de la mala educación.
Antes de continuar, quiero aclarar que
no soy pedófobo ni tengo alma de Herodes, ni tampoco inventé los
anticonceptivos.
Tal vez me
equivoque..., pero soy de la época en que los padres te cagaban de un chirlo en
el culo si intentabas
poner el dedo en el enchufe (que ahora tienen protectores). Creo que la educación
de la infancia está subvertida. Sólo les colman las necesidades materiales;
saben así el precio, no el valor de las cosas. Pena grande, pues es en la niñez
cuando hay que enseñarles a distinguir entre el resplandor y la luz, entre el
eco y las voces verdaderas, porque esplendor tiene también lo engañoso de la
fama, el éxito y el poder.
Hablando de eco…
el intelectual Umberto Eco dijo tal
boludez en una conferencia sobre ecología
como que: "Los únicos ecólogos
verdaderos son los niños, que son incapaces de matar un animal o cortar una
planta". Y terminó diciendo: "Ellos
sí se creen todo lo que se les dice sobre el medio ambiente". ¡¡ES
MENTIRA!! Que yo recuerde, de niños robábamos naranjas con gajo y todo,
reventábamos el caparazón de un caracol a taconazos, quemábamos hormigas...
Matar gatos, tirar barro a la sábana de la vecina, burlarse del gordito de la
clase o del blandengue o amanerado, humillarlos, reducirlos a la nada, o a un
compañerito de padres pobres decirle: “Mi
papá tiene un auto graaaaaande, ¡así!” (Extendiendo los brazos para dar
idea de las dimensiones del coche)... Todo eso nos daba el pasaporte a la
adolescencia. Éramos el súmmum de la
crueldad, monstruos, sin saber que éramos monstruos, lectores de Ratón Mickey.
No “actuábamos” como si fuéramos Jack el Destripador; actuábamos posesionados como Jack el Destripador.
En Argentina, exagerados
para todo, como siempre, el colmo es llamar “mi bebita” a una mujer de casi treinta años a quien hace tiempo que
le contaron los lunares.... “Son divinos”,
dice la tía de sus sobrinos, como si no fueran de la Tierra...
La psicología instintiva del infante es muy compleja y
la supuesta bondad del hombre es indiscernible en ellos. Según filósofos
optimistas, el hombre tiene, en estado innato, barruntos de las ideas supremas
de su vida: justicia, moral y corrección, que es imposible
observarlas en un niño. Un mundo añiñado y pueril sería infinitamente más
peligroso y despreciable que un mundo de hombres hechos.
La niñez es una maldad que se corrige con el tiempo. Saben más que
nadie, por intuición malévola. No es inocente, es un ignorante: por eso es peligroso. ¡Guárdense de
las guarderías y parvularios! ¡Canteras del mal! Venden el timo del candor, son
el tabú mentiroso de la inocencia, la reserva angelical de lo siniestro. Si es demasiado precoz, listo y sabe idiomas
ya deja de ser niño (es superior a un adulto medio).Ya de adolescentes, vamos
puliéndonos o dando forma relativa al altruismo y anhelos de justicia, aunque
más no sea como una expresión de deseos. De viejos, somos sabiduría pura, hasta
un punto en que todo se rompe: se tensa tanto la cuerda de la vida que quedamos
en la nada, pero no hacemos daño en el viaje de la regresión a la niñez. La
maldad germina en carnes tiernas y corre deprisa, como la fiebre y las
infecciones, y se hace frágil o ausente en las secas. Como consecuencia, la
pureza de los sentimientos viene cuando la vida se nos apaga. Todos los hombres
nacemos con un boquete en el costado, por donde vamos drenando los ideales a
medida que más te ajustan las necesidades. Si hay algún viejo con trapisondas
morales, no podrá ejercer de “malo” por la impotencia de la caducidad.
Para colmo, la ideación les viene programada en DVD y CD;
antes se la daban los padres. Y si están mirando televisión y usted llega a
casa a tomar un cafecito con los amigos, ¡cuidado! ¡No hacer ruido! O eres
transparente o puedes ser una extraña ingerencia. En fin... Pongámosle que
nuestros mayores no nos educaron lo suficiente en el ejercicio del bien. Pero a
mi madre nunca la vi arrancando las alas a una mariposa, ni a mi padre
choreando naranjas, ni despreciando a un pobre (qué va, ¡pobre mi padre!). Con
igual criterio, se puede decir que un adulto que mata es porque tiene un niño
asesino adentro, crío que se hizo “asesino”, quizás cuando recibió el primer
cachetazo injusto de parte de sus padres por algo que no hizo; y un
niño que mata es un adulto con cuerpo de menor. Yo debería
haber recibido flores de cagadas porque de niño no hacía nunca los deberes, de
joven no me lavé ni un calcetín, de adulto jamás he fregado nada, y encima no
hice el servicio militar, que bien me hubiera hecho falta para saber un poco lo
que es el orden. La educación integral comienza y termina en casa; la escuela
es un medio de instrucción didáctica. Pero más que educar, creo que los padres
deben transmitir con ejemplos positivos, pues a veces son ellos los que actúan
como niños dándoles todo servido, en vez de tratarlos como adultos a fin de que
se hagan responsables.
Incluso existen papás, más que nada en esta época, que
pueden hacer tonto a su hijo, regalándole una raqueta de tenis a los seis o
siete años o un móvil. Seguro le saldrá un tirano irrespetuoso monstruito, ya
que esos chicos del tenis desde muy temprana edad son programados. Les inculcan
responsabilidades y disciplinas, pero sólo tenísticas. Por eso, quizá, cuando
sean mayores cometerán infantilismos y necedades. ¡Claro! Si los padres,
principales responsables, les quitaron la infancia, les restringieron la
adolescencia, los convirtieron en fábricas de éxitos y obtuvieron de golpe
todo, todo lo que a muchos les cuesta una vida. Por eso son infelices,
traumados, frustrados e insaciables aspirantes de circuitos internacionales, a
pesar de amasar fortunas. Siempre escuché decir que el deporte es como una
escuela práctica de democracia o un símbolo de libertad. Ellos son los esclavos
blancos; el padre les inculca: “¡Tienes que ser el número 1, número 1,
número 1…!” El técnico les repite: “¡The number 1, number 1, number 1…!”
Hasta que se inunda la almohada de insomnios registrados con el 1… Y hagan
cálculos… pero bueno, este será otro tema que trataremos más adelante en otro
escrito.
Se habrán dado cuenta ustedes, que muy a menudo, los
niños son una flor de “hijos de puta**” en la cual brota maldad por cada uno de
sus pétalos.
(**Metáfora argentina,
sin animo de referirse a sus mamás)

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